miércoles 28 de mayo de 2008

La narrativa de la generación del 1930

Mario R. Cancel
Catedrático Asociado de Historia
Conferenciante de Narrativa

Una época de crisis y cambio

El pensamiento literario de fines de la década del 1920 y durante la década de 1930, conservó lo mejor de la escritura modernista y reafirmó el compromiso del escritor con el mundo social y con la nación agraria en la tradición Romántica y Realista-naturalista. El papel de ciertas instituciones académicas y culturales fue crucial en aquel proceso.

Por un lado, en 1927 se fundó el Departamento de Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico. Una de las metas del mismo fue la recopilación, catalogación, ordenación y análisis de la literatura puertorriqueña en un cuerpo coherente. Por otro lado, en 1933 se inauguró la primera cátedra de literatura puertorriqueña dictada por el abogado e historiador Lidio Cruz Monclova en la misma institución. Desde entonces se contextualizó la producción literaria de Puerto Rico en el marco de la literatura española y se establecieron los parámetros para comprenderla en su relación con la hispanoamericana.

Hacia el año 1929 un grupo de jóvenes escritores asociados al Modernismo y a las Vanguardias fundó la revista Índice en cuya directiva, al lado de Antonio S. Pedreira, estuvo el narrador Alfredo Collado Martell. La revista patrocinó la renovación estética soñada desde principios del siglo 20 y terminó por ser interpretada como el signo más importante de la llamada Generación del 1930.

El mundo social en el país era un hervidero. La década de 1930 vivió los devastadores efectos de la Gran Depresión iniciada en 1929, hecho que estimuló la inversión de fondos federales de beneficencia en cantidades cada vez mayores en el país. La situación estimuló la radicalización del Partido Nacionalista que desembocó en una inesperada era de violencia. Pero también estimuló el reagrupamiento de las fuerzas liberales y populistas en el Partido Popular Democrático fundado en 1938.

Los intelectuales de 1930 tuvieron como preocupación central la defensa de la integridad cultural puertorriqueña la cual consideraban en peligro. Pensaban la invasión 1898 como un hecho traumático que limitaba la evolución del espíritu puertorriqueño hacia la libertad. Acorde con ello, concluían que la solución del problema de Puerto Rico –el problema colonial- era crucial. La Generación del 1930, igual que los Regeneracionistas Españoles se planteó la pregunta de la identidad: ¿qué somos los puertorriqueños? ¿cómo somos los puertorriqueños? ¿hacia dónde vamos los puertorriqueños?

Los géneros literarios primados por los autores del treinta fueron, además de la poesía y la narrativa, el ensayo de interpretación, ya fuese de contenido historiográfico, cultural o psicológico. Los autores más emblemáticos del momento incursionaron en el ensayo, género que respetaron tanto como los intelectuales del Realismo-naturalismo, y establecieron las bases de una crítica literaria puertorriqueña asociada a la academia nacional. Ese fue el caso del citado Antonio S. Pedreira, Tomás Blanco, Emilio S. Belaval, Concha Meléndez, María T. Babín y Margot Arce, entre otros. Algunos de ellos cultivaron la narrativa como fue el caso de Blanco y Belaval.

Las exploraciones de aquellos intelectuales los condujeron a afirmar una tendencia ideológica que ya era notable entre los Románticos y los Modernistas: el respeto al pasado hispánico ante el presente americano. El hispanofilismo o culto a la herencia hispánica contradecía la actitud de los intelectuales del siglo 19 que vieron en España un adversario político.

El culto hispanófilo tenía un carácter esencialista, es decir, partía de la convención de que la herencia española era una condición sin la cual no se podía concebir lo puertorriqueño y que, sin ella, no habríamos sido nosotros. La invasión americana de 1898 y sus consecuencias, amenazaban lo puertorriqueño por lo que la memoria de lo español debía ser protegida y cultivada para seguir siendo puertorriqueños. Ese procedimiento cultural garantizaría la inserción de lo puertorriqueño en la cultura universal. Con ello hicieron una aportación única al pensamiento cultural nacional. Inventaron y consagraron un pasado literario común que conducía al 1930: un canon literario como espejo de la identidad nacional.

Narraciones como “Tony Pérez es un niño Flan” de Belaval, cuento en la UPR de la década del 1920 y publicado en 1935; o la fábula “Eleuterio el coquí” de 1954 y “Cultura. Tres pasos y un encuentro” de Blanco, son una muestra gráfica de esa actitud que enfrentaba lo puertorriqueño contra lo americano que predominó en la época aludida. El humorismo y la sátira de Belaval, su capacidad para caricaturizar al asimilado; y la reflexión fenomenológica y existencial de Blanco, en ocasiones en el espacio del cuento infantil o el relato arquetípico, cumplían esa función de llamar la atención del lector de un modo transparente.

La aspiración de los intelectuales del treinta, según las sintetizó Pedreira en su ensayo Insularismo de 1934, era crear un orden armónico en el estilo de una gran familia, en el cual los sectores de tradición hispano-europeos de raza caucásica, dirigieran los destinos de la nación étnicamente diversa. No hay que olvidar el énfasis de Pedreira en afirmar la fragilidad de los valores de la raza negra y la raza indígena, y su invitación a apropiar los mejor del otro americano como aliado natural del hispano-europeo del país.

De ese modo los valores de la hispanidad presentes en el hispano-europeo insular o criollo abiertos a la modernización americana, era la fórmula para apuntar hacia dónde debían caminar los puertorriqueños colectivamente vistos. Las coincidencias entre esa propuesta, la del populismo y la de la Generación de 1950 no son casuales.

Las narrativas del 1930

Los cuentistas y novelistas del 1930 complementaron por medio de sus textos las discusiones filosóficas, historiográficas o psicológicas de los ensayistas.

En La llamarada (1935) Enrique A. Laguerre mantuvo un tipo de lenguaje poético modernista, cargado de descripciones de la naturaleza puertorriqueña. La novela discute un tema propio de los autores del 1930: las injusticias del mundo del cañaveral, espacio que tanto en nacionalismo como el populismo han identificado como un enemigo a vencer durante la década del 1930 y el 1940.

La obra posterior de Laguerre manifestó una voluntad documental y testimonial típica de una generación que trataba de responder a la pregunta de qué y cómo somos los puertorriqueños. Siguiendo el modelo impuesto por Zeno Gandía, en un segundo esfuerzo novelístico, Solar Montoya de 1941, trabajó el mundo del café. Posteriormente en La resaca de 1949, subtitulada Bionovela se completa un ciclo en el cual el los recursos del Realismo-naturalismo predominaron. La obra inicial de Laguerre deja la impresión de que el autor espera que se le lea como unos nuevos Episodios nacionales o unas reverdecidas Crónicas de un mundo enfermo propias del siglo 20.

Emilio S. Belaval escribió unas narraciones distintas caracterizadas por un lenguaje humorístico, crudo y en ocasiones cínico, en la tradición de la narrativa de José de Diego Padró o del periodismo de Nemesio R. Canales. Los Cuentos de la universidad (1935) son un buen ejemplo de ello. La vida estudiantil se convirtió en la fuente de unos relatos críticos sobre las falsedades de la vida universitaria en la década de 1920. Sus Cuentos para fomentar el turismo (1946) utilizaron técnicas y procedimientos del neonaturalismo y tremendistas para producir un efecto perturbador en el lector. El mejor ejemplo de ello es el texto “Un desagravio al cabrón del barrio Juan Domingo.”Los temas fueron extraídos de la vasta experiencia del autor como juez. En el mismo rompió con el costumbrismo simplista y elaboró un retrato de una sociedad en crisis.

Humberto Padró en 10 cuentos (1929) inició la escritura del realismo urbano en Puerto Rico. Sus textos veían la ciudad, el signo más patente de la modernidad material auspiciada por Estados Unidos, como una amenaza a la esencia criolla. En El antifaz y los demás son cuentos (1960) vuelve a trabajar unos cuentos en donde el color local que domina a Laguerre y Belaval se disuelve sin que ello le impida criticar los valores modernos que los tiempos nuevos han ido imponiendo al país. “El antifaz”, por ejemplo, recuerda la mirada de la mujer moderna que presenta canales en “Feliz pareja.” En ambos casos el rol de la mujer es un asunto que discuten los hombres.

La narrativa fue la historia privada de aquella época de crisis. Los narradores del 1930 se propusieron el estudio psicológico y sociológico del país a través de sus personajes redondos, hecho que afirmó la tradición realista-naturalista en el hacer cultural. Para la expresión literaria del resto del siglo 20 la Generación del 1930 representó una base fuerte y un modelo todopoderoso. Las propuestas culturales de sus escritores fueron consagradas por los autores del 1950. Los escritores asociados a los difíciles años del 1950 y el 1960 los revisaron con cuidado pero preservaron sus percepciones esenciales.

4 comentarios:

sha dijo...

Textos: La Llamarada’, Enrique Laguerre y ‘Un desagravio al cabrón del barrio Juan Domingo’, Emilio S. Belaval.


Los personajes masculinos en las muestras de Laguerre y Belaval retratan a dos tipos de puertorriqueños, con preocupaciones distintas en medio de una sociedad con las mismas carencias socio-económicas. Por un lado, Juan Antonio Borrás, en “La Llamarada’, presenta a un agrónomo con deseos de lucha y triunfo. El protagonista, a lo largo de la narración, va sufriendo una metamorfosis, llenándose de una ‘llamarada de odio’ por las injusticias que se cometen con la peonada del cañaveral. Es ‘La Llamarada’ entonces una crítica, en ocasiones poética, que recoge las vivencias de los obreros en la década de los años 30, así como la explotación de la que eran objeto y la pobreza en que por ende vivían. Por otra parte, en el texto de Belaval, los personajes masculinos que toman acción (Juaniquín y Manuelón), están motivados por la superstición. Los hombres actúan de forma irracional, en busca de liberar un pueblo de la maldición de un muerto cuernudo. La situación en la que se encuentra el hermano del difunto, lo conduce a asesinar al hombre con el que le fueron infiel a Anselmo Maldonado. El asesinato pasó casi desapercibido, cuando el pueblo decidió entretener al comisario para que no se percatara cubriendo el asesinato junto al pueblo reunido en el velorio.



Texto: ‘Cultura. Tres pasos y un encuentro’, Tomás Blanco.

La relación de Puerto Rico con Estados Unidos se muestra a través del cuento cuando el autor hace referencia a los refrescos importados de Estados Unidos y de un manual norteamericano sobre el prestigio social. Un jíbaro, una negra partera y una pareja de estadounidenses que, al encontrarse con los personajes, los tachan de ‘incultos, imbéciles y ciudadanos de un país sin cultura, forman este relato dividido en cuatro partes. El final, magnífico y contundente, muestra la ignorancia de la mujer al llamar ‘inconsiderado’ al jíbaro. Es necesario entender la situación de defensa en la que se encontraba el puertorriqueño de la década del ’30, donde la presencia americana traumatizó a una población que se encontraba en peligro.



Texto: ‘El antifaz’, Humberto Padró

Excelente relato. Un ingenio. Las mujeres de la historia muestran independencia y soltura. Carlota, por su parte, está segura de que su fealdad no le impedirá conseguir marido porque es rica y su hermana Cándida, resulta ser lista y atrevida cuando logra ‘atrapar’ al marido que le correspondía a su hermana, según nos cuenta el narrador. Me parece que el cuento hubiese resultado mejor si el autor no nos revelase explícitamente que la mujer del antifaz no es Carlota, sino Cándida.

En esta muestra (y las anteriores), vemos la mujer que piensa en su futuro y decide por sí misma su porvenir. Además de la caracterización de los personajes y la descripción de los escenarios, la situación se aleja de los rasgos románticos discutidos anteriormente. De igual forma, los textos no tratan de escudriñar el retrato moral de los personajes ni establecen imágenes a seguir ni propuestas de ningún tipo.

De la misma forma, existe un parentesco con la muestra modernista, donde la mujer toma un papel protagónico en la acción y está guiada por un determinismo natural nunca antes visto en la literatura. Otro rasgo en común con el modernismo (textos de Laguerre y Belaval) es el tratamiento que se le da a la situación política, social y económica de Puerto Rico y su relación con los Estados Unidos, donde la historia y las crónicas juegan un papel importante.

Por: Sharra Fermín Lavender

Jean Carlos Santos Rivera dijo...

Preguntas guías – Generación del 30


1. Compare la imagen del puertorriqueño...

Los personajes masculinos de estas narraciones son caracterizados por ser personas que parecen estar en un desarrollo, en una búsqueda de identificarse y crecer como hombres. Ambos se encuentran con grandes responsabilidades que cumplen a cabalidad, siguiendo las instrucciones que recibieron. Esto presenta que el puertorriqueño puede ser en parte sumiso, pero llega un momento en el que se crece y lleva a cabo las acciones por decisión y convicción propia, siempre en la constante búsqueda de una justicia y crear un orden. Ambos relatos presentan que el puertorriqueño se está formando rodeado por una sociedad deprimente llena de injusticias, lo cual es preocupante ya que el producto podría ser una persona áspera y desconfiada. Los autores responden creando a personajes que por más enojo que presenten, ese odio está solamente dirigido y encaminado hacia la injusticia, justificando así esa furia, la cual parece no afectar ningún otro ámbito de sus vidas.



2. Establezca los elementos principales del discurso...de Tomás Blanco.

En el texto de Tomás Blanco se presentan tres figuras distintas de la sociedad y cómo al final estas chocan entre sí. Las dos primeras figuras, la del jíbaro y la comadrona, son caracterizadas por su bondad, servicio y humildad. La pareja que compone la tercera estampa son los adinerados que conforman la clase alta de la sociedad. Esta pareja es presentada como los asimilados, imitan lo que ven de la cultura estadounidense y la promulgan como la verdadera cultura. La joven pareja se ha asimilado tanto que ven a sus compueblanos como algo bajo y menos que ellos. Tomás Blanco argumenta, mediante la pareja que esa es la visión que los Estados Unidos tiene de Puerto Rico. Pudiera decirse que es pesimista, pero tiene sus puntos y bases en la realidad. Ese choque entre clases al final es lo que crea la verdadera cultura, no la pomposa asimilación que profesa la pareja.


3. Establezca al forma en que Humberto Padró trata a la mujer en su relato "El antifaz"

En el cuento de Humberto Padró, la figura de la mujer es tratada de una forma jocosa, pero que denota cierto discrimen. Mientras se nos relata las peripecias de una mujer que no fue bendecida con belleza se comenta lo importante que es ese don para determinar el valor de una señorita. Una mujer que no sea considerada hermosa está perdida en la vida ya que no logrará el punto más importante: casarse. La historia está llevada de una manera simple, pero el mensaje es algo desconcertante para la figura femenina, aunque al final hay un cierto comentario en el cuento que parece redimirlo. El hombre no se enamoró de la joven, sino del antifaz, lo que pudiera suponer que el autor lo que busca es plantear que lo importante es que la mujer se presente y sea interesante, un atributo interior, no algo vano como la ‘belleza’ exterior.

4. Piense en los rasgos que diferencian estas narraciones...

El principal rasgo que diferencia a estas narraciones de las tradiciones Románticas y Realista-naturalista es que aparte de denunciar los problemas que confronta la sociedad, también buscan arduamente definir la identidad puertorriqueña. Otra contradicción entre estas tradiciones es que a diferencia del discurso de estos movimientos anteriores, la Generación del 30 presenta cierta hispanofilia y añoranza por ese pasado europeo. Critican la presencia estadounidense y en cierta forma elogian los tiempos de España.


5. Piense en los parentescos de estas narraciones con la muestra modernista.

Estas narraciones, al igual que la muestra moderna, presentan una literatura puertorriqueña más ágil en su narración. En el relato de Padró, al igual que en la mayoría de los cuentos modernos que leímos, no es importante para la historia ubicarla en un entorno ya que la experiencia es casi universal. Esto puede plantear que sigue siendo literatura puertorriqueña aunque el lugar de acción de la historia no sea especificado o este no sea Puerto Rico.

Mario R. Cancel-Sepúlveda dijo...

Las pistas que ofrece la narrativa de 1930 en el país son claras: la búsqueda de una identidad nacional; la afimación de la tradición hispánica como una clave del discurso legítimo de la identidad; y la idea de que se afirma la identidad diferenciándose del "otro" o del "americano".

En el treinta convergieron la tradición modernista y vanguardista de un modo desigual, pero la reflexión por medio de la narrativa no fue lo más notable.

La preconcepción de siendo "puertorriqueño" se era "universal" es consustancial con el nacionalismo europeo decimonónico.

Zayra dijo...

1.Compare la imagen del puertorriqueño elaborada por Enrique Laguerre y Emilio S. Belaval por medio de los personajes masculinos principales de sus textos narrativos.

A través de esta sátira, Belaval nos presenta a sus personajes masculinos como Jíbaros en crisis. Ignorante, de escasos valores morales y religiosos,(creyente en ritos paganos). Nos demuestra una obsesión enfermiza, rayando en la locura o en lo animal no racional, de querer resolver y salvar su honra. La única manera, es por medio de la violencia, estos personajes no tienen respeto por la vida. “¿Pero tú estas cueldo, contrayao...?"

En la Llamarada, Laguerre a través del personaje principal masculino, Juan Antonio Borrás, un estudiante que ha tomado un puesto en la central azucarera, y como esté llega cargado de sueños. Va sufriendo una transformación día a día, por cada decisión que tiene que tomar para salvar o mantener operando la Central Azucarera. El personaje sufre una situación límite, donde tiene que escoger entre lo que dicta su corazón, a lo que demanda sus ambiciones. “Sentiame situado entre dos posiciones completamente opuestas. Era para estar en continua zozobra. Y yo lo estaba, en efecto”.

Otro de los personajes que me parece interesante es José Dolores, anciano negro, humano, humilde, servicial, hombre de memoria privilegiada. Una simbiosis entre estos dos personajes masculinos nos presenta la estampa del jíbaro puertorriqueño.

2.Establezca los elementos principales del discurso sobre la relación de Puerto Rico y Estados Unidos en el texto narrativo de Tomas Blanco.

Uno de los elementos más importantes en la narración es el económico. Con la baja del precio del café, por la entrada a la isla de otro de menos calidad, el hacendado criollo se vio obligado a hipotecar sus fincas. Muchas veces fueron ejecutadas, por no contar con dinero ni influencias políticas para rescatarla. Los préstamos disponibles, eran de unos intereses tan altos, que casi ningún criollo los podía pagar.

La introducción y saturación en el mercado local de los productos norteamericanos, muchas veces de inferior calidad, (un café fuera de tono con el tradicional ambiente antillano). Refresco carbonatados, rones sin añejar lo suficiente, por la prisa de lanzarlos a la venta. También encontramos en el texto una crítica directa a una juventud criolla seducida por esta cultura norteamericana y tentada hacia una economía de consumo.

3.Establezca la forma en que Humberto Padró trata a la mujer en su relato “El antifaz.

Este autor del que no quiero mencionar su nombre, trata a la mujer, representada en el personaje de Carlota, como un ser frívolo, “escondido detrás de una máscara” aunque de apariencia fea, por saberse de dinero, tiene oportunidad de conquistar a un hombre.

“A la mujer se le debe los grandes escándalos”. Además de “ponía el matiz de contagiosa puerilidad”.

“Los hombres, más serios en su indumentaria, daban la nota correcta”:infiero que la mujer daba la nota incorrecta.

Y es el personaje de Cándida, el que entrampa al lector y le quita el marido a su hermana. Aunque al final del cuento el autor intenta d salvarse, presentando un personaje masculino igual de frívolo. Los personajes femeninos, están construidos con características amorales.

4.Piense en los rasgos que diferencian estas narraciones de la tradición Romántica y de la realista-naturalista.

El elemento fantástico que encontramos en "Un Desagravio Al Cabrón" es una de las diferencias, mientras que en "El Antifaz" La condición económica superior de una sociedad elitista y vana, que se puede dar el lujo de asistir a un baile de disfraces.

La influencia Norteamericana en la economía isleña,y en la Cultura es la que está presente en "Tres y un encuentro".

5.Piense en los parentescos de estas narraciones con la muestra modernista.

El tema de lo fantástico, los bailes de carnaval, los temas americanos, nacionalismo, el aristocratizmo intelectual en La Llamarada; son temas que se pueden encontrar dentro del movimiento literario modernista.