martes 20 de mayo de 2008

Romanticismo y política en Puerto Rico: diversidad ideológica

Mario R. Cancel
Catedrático Asociado de Historia
Conferenciante de Narrativa

El romanticismo del siglo 19 tomó una diversidad de direcciones ideológicas. El intelectual romántico elaboró una interpretación social heterogénea que se tradujo en posturas político-sociales divergentes y, ocasionalmente, contradictorias.

El romanticismo tradicional condujo a posturas que, desde el punto de vista liberal, resultaban conservadoras y hasta reaccionarias. La tendencia más notable fue la afirmación los valores del catolicismo medieval y su reinvención en un proyecto de futuro que condujera a un nuevo cristianismo. Su relación con el espíritu de reforma fue notable.

En esa dirección fue común que se respaldaran ciertos discursos asociacionistas y fraternos los cuales recordaban la voluntad de renacimiento cristiano centrada en el mito del cristianismo primitivo como un estado de pureza perdido en las aguas turbulentas del progreso y la modernidad. En muchas ocasiones, ese nuevo cristianismo se comportó como un freno a la ética capitalista por el carácter anticlerical de la misma, y por la amenaza que representaba a los bienes muertos de la Iglesia. Ese tipo de praxis romántica fue favorecido por las autoridades coloniales en Puerto Rico.

El romanticismo liberal condujo a la defensa de posturas progresistas que aceptaban el cambio social, y tuvo como modelo intelectual a Víctor Hugo. En ese contexto el intelectual, sea poeta o narrador, se imagina como la legítima voz del pueblo, celebra el cambio que inspiró la Revolución de 1789 y, a veces, desembocó en una abierta oposición a la monarquía y en la defensa del republicanismo. Esta modalidad fue censurada en Puerto Rico.

Las razones para favorecer a uno y censurar el otro tenían que ver con el carácter morigerador del primero, e inflamatorio del segundo. Los atributos eran adjetivos comunes en el lenguaje cultural y legal del siglo 19 y se repitieron en la documentación para codificar a una u otra tendencia.

Ese modelo de romanticismo liberal fue el que alimentó la escritura de Ramón E. Betances, Manuel Alonso Pacheco y Eugenio María de Hostos, en diversas etapas de sus vidas. La práctica generó al intelectual afrancesado en la colonia, que veía en Paris el cerebro del mundo y utilizaba a la metrópoli cultural del mundo como un modelo inalcanzable a imitar. Sin embargo, el romanticismo liberal no promovió ideas políticas homogéneas.

Romanticismo en España

Hacia 1830 el romanticismo tradicional y el romanticismo liberal se debatían en España. El romanticismo tradicional era una ideología considerada por muchos arcaizante. En la práctica, cultivaba una diversidad de modelos de la civilización cristiana medieval que giraba alrededor de la figura del héroe y caballeresco con algunos elementos del amor cortés. Esa fue la figura heroica dominante, por ejemplo, en la narrativa de las Crónicas de Indias que comenzaron a ser leídas con avidez por la generación romántica puertorriqueña en busca del tiempo perdido, de la memoria y de la identidad histórica. Esas lecturas explican la naturaleza de discursos narrativos como el de Tapia y Rivera en La palma del cacique publicado en 1852, entre otros.

El romanticismo liberal en España, sobrevivía en un orden muy cerrado. La conciencia antimusulmana y contrarreformista del católico español, y la vinculación entre la Iglesia y el Estado, heredada de la época de los descubrimientos, frenaban la difusión de sus posturas. El anticlericalismo y el anticatolicismo se tradujeron en una voluntad cosmopolita que no tardó en ser identificada con una actitud antiespañola de abierto afrancesamiento.

También condujo al crecimiento de los focos de ideologías alternativas no cristianas como la masonería, el espiritismo, la teosofía o el librepensamiento. La intención del romántico liberal era europeizar y/o afrancesar a España en nombre de la modernización y el progreso.

Romanticismo en Puerto Rico

Hacia 1835 ese mismo debate domina el panorama cultural de las elites puertorriqueñas. El romanticismo puertorriqueño reformula una diversidad de tradiciones de fuerte contenido europeo y, en ese sentido, se convierte en una fuerza que crea la identidad nacional en la medida en que europeiza a los intelectuales.

El primer elemento notable es la forma en que se apropian los contenidos del romanticismo nacionalista alemán. La identificación del volk o pueblo común con lo más puro de la nación, y la voluntad de codificar sus tradiciones y costumbres en un corpus, está detrás de la mecánica del romanticismo costumbrista puertorriqueño.

El romanticismo tradicional presente en la discusión cultural francesa y española, filtrado por la ideología germana, tuvo sus mejores modelos en las “Coplas del jíbaro” firmadas por Miguel Cabrera y en una “Décima” anónima aparecida en el periódico El investigador en 1820. La prensa moderna era, sin embargo, un espacio heredado del panfletarismo revolucionario de 1789. Aparte de ello, se pueden consultar los poemas anónimos en lengua jíbara del Diario liberal y de variedades de 1822, el Álbum puertorriqueño impreso en Barcelona en 1844; y el volumen El gíbaro de Manuel Alonso Pacheco que apreció en 1849.

Por una diversidad de razones que tienen que ver con la configuración del imaginario nacional en el siglo 19 y 20, aquella fue la ruta consagrado por el canon y la academia como el origen literario y nacional de Puerto Rico. De un modo u otro, autores políticamente liberales que cuestionaban el control arcaizante del catolicismo, se afirmaban por medio de un romanticismo costumbrista que puede ser leído como una literatura moderada.

La tradición de romanticismo liberal, progresista, reflexivo y crítico, maduró en una serie de artículos y cartas publicados en el Diario económico de 1814 bajo los seudónimos de “El Sócrates rústico”, “El jíbaro paciente” y “ Agricultura”; o en las protestas de “Sensible lamento” y “Un observador del campo” aparecidas en El investigador en 1820. La síntesis del mismo fue el prefacio de los autores del Aguinaldo puertorriqueño, impreso en San Juan en 1843, que puede ser leído como la renuncia a una identidad tropical en nombre de un cosmopolitismo o universalismo que se reducía al occidente de Europa.

El anonimato de muchas de las obras traduce un estado de censura notable. Pero también habla de de la inmadurez de la figura del autor en el Puerto Rico de ese época. Hacia 1830 el autor es ya un signo respetado de la modernidad que enfrenta, bien o mal, la censura del poder en nombre del pueblo.

Las tendencias de la narrativa romántica en Puerto Rico

El romanticismo en Puerto Rico fue polifónico. Su riqueza todavía está por descubrirse. La capacidad de la historiografía literaria canónica de no ver esa diversidad ha sido una de las grandes limitaciones de la interpretación literaria en el país.

El romanticismo mimético, que surgió por imitación genuina de los modelos europeos, tradujo todos los sueños utópicos asociados al cosmopolitismo y el liberalismo europeos del siglo 19. La tendencia de aquellos autores fue a imitar el estilo europeo occidental, y a diluir o invisibilizar el color local. La actitud se cimentaba en el principio de lo bello y lo moderno era lo exótico, mientras que lo local era lo feo y lo primitivo. La lucha entre lo moderno y lo no moderno es evidente.

La lectura de un texto de Mateo Cavailhon, “Muerte por amor” , de Martín Travieso, “Pedro Duchateau” o de Eduardo González Pedroso, alias Mario Kolhman, español, “El astrólogo y la judía” en el Aguinaldo puertorriqueño de 1843, son un modelo de dicha expresión. La ausencia de Puerto Rico en la selección de los escenarios –donde domina la Sevilla grandiosa, o una Edad Media poco conocida– no significa que esto textos sean menos puertorriqueños que los demás.

El romanticismo costumbrista observa al país, pero no deja de ser políticamente moderado y, precisamente por ello, una base idónea para la elaboración de una identidad nacional legítima y no amenazante entre los intelectuales de la Generación de 1930 y del 1950. Para aquellos escritores la fuente de lo bello estaba en el color local, en la vida natural y sencilla del vulgo ineducado, o del proletario como se le llamaron en diversidad de ocasiones.

El mejor ejemplo sigue siendo la obra de Manuel Alonso Pacheco, El gíbaro aparecido en 1849. Pero hay que apuntar que la observación del color local convive con alguna tensión con el juicio crítico o correctivo de las costumbres populares que organiza y codifica. Por eso, si bien algunas costumbres se celebraban, otras se condenaban en nombre del progreso.

Ese fue el caso de la riña de gallos en Alonso, elemento de la nacionalidad que también condenará Salvador Brau e incluso, de manera indirecta, Eugenio María de Hostos, por lo que significaba en términos del problema social del juego y de la confianza irracional en la fortuna o la suerte que rechaza la racionalidad cultivada por ambos sociólogos. La literatura romántica costumbrista acentuó la observación social que más tarde reapropió el realismo-naturalismo de fines del siglo 19.

El romanticismo indianista fue, me parece, la expresión criolla más rica pero también la más efímera y la menos notable. Las grandes figuras siguen siendo Alejandro Tapia y Rivera por La palma del cacique de 1852, y Ramón E. Betances que la respondió con Los dos indios en 1854. En ambos casos el esfuerzo representó una búsqueda del origen, un viaje al illo tempore que estaba en la base de toda colectividad o un momento genesiaco que evadía a España y tomaba la personalidad de la víctima. Pero la imagen del indio se apoyaba en aquella formulada por los conquistadores en las Crónicas de Indias.

Allí se encuentra otro de los debates culturales más antiguos de la historiografía literaria puertorriqueña moderna. Se trata de una Carta de Betances a Tapia, entonces en La Habana, firmada el 13 de junio de 1859 en donde le confesaba que había escrito su leyenda para polemizar con la moderación o sumisión de los indios de Tapia.

La narrativa fantástica temprana se fijó en elementos irreales o no racionales y se encaminó hacia los espacios de lo sobrenatural o no natural. Lo fantástico –como en Hoffman o Poe- se asoció a la generación del miedo provocado por lo imprevisto o lo extraño – umheimlich- . Sus espacios quedaron circunscritos a aquello lugares que la física, la razón y la ciencia no podían explicar. Esa también fue la lógica de los físicos que inventaron el espiritismo como Allan Kardek.

Por su naturaleza, esa narrativa se sintió atraída por ciertos fenómenos de la cultura popular o volk que evadían la racionalidad moderna. Su relación con el romanticismo costumbrista es obvia. Para aquellos autores lo fantástico era la violación del orden o de la rutina. La escritura desembocó en un discurso que se oponía a ciertos procedimiento del romanticismo moderado: la narrativa fantástica evadió la meta del “final feliz”, renegó del principio de la “virtudes recompensadas” o de la “didáctica moral” al final del texto. Actuó como una narración gratuita y en ocasiones, pesimista o desesperanzada.

En ese marco se puede apropiar un cuento de Alonso Pacheco publicado en 1849 en el El gíbaro títulado "El pájaro malo"; la obra de Betances “La virgen de Borinquen” escrita en 1859 y que condujo a Manuel G. Tavárez a elaborar una pieza musical hoy perdida; los relatos espiritistas de Manuel Corchado y Juarbe como “Muerte del alma y vida del cuerpo” de 1872 y, en especial, la novela de Tapia y Rivera, Póstumo el transmigrado de 1882, en la cual lo extraño de la vida espiritual y el humor se unen para dar un cuadro interesante de la escritura.

1 comentarios:

Rita dijo...

I.
La imagen del puertorriqueño en esta novela está elaborada como un mosaico humano constituído por las distintas clases sociales en los años treintas. Para ello, Laguere se enfoca en el micromundo de una sociedad rural y agrícola y la industria de la azúcar y los cultivos de la caña,, abarcando casi todos los sectores que constituyen el andamiaje humano y cómo se interrelacionan entre sí. Lo único que conocemos de los propietarios de la corporación es que son extranjeros y norteamericanos pues sólo son mencionados con el fin de enfocarse más en el grupo de los que viven en el conglomerado y sostienen con su mano de obra la colonia. Juan Antiono. el protagonista, recopila todas las impresiones que le inspira cada personaje y el lector lo ve a través de ese personaje testigo, a en base a los comentarios y chisme de otros uqe el transcribe. El representa al hombre puertorriqueño que desea insertarse en el sistema productivo como administrador, sin someter a juicio del que lo emplea, sin cuestionamientos éticos sobre ese papel que ejerce sobre una maquinaria de producción deshumanizante de la que es parte fundamental, esto va creando un embudo donde queda acorralado en un mar de contradicciones de no corromperse o traicionar sus valores morales de justicia y dignidad. A medida que va interactuando con ese espacio del cañaveral, va tomando conciencia de las injusticias, a lo que no puede permanecer impasible ante tanto abuso y degradación, mucho menos unirse a la corrupción y al engaño del que es testigo para salvar su empleo. Así se retrae y regresa a sus raíces en la montaña de dónde vino con un carácter mas reflexivo sobre sí mismo y su papel dentro de la sociedad como puertorriqueño. Tanto los personajes como los distintos planos de la acción son símbolos universales a pesar de que la acción ocurre en Puerto Rico. Hay una reafirmación de identidad a partir de su protagonista y un compromiso social.

En el cuento de Un desagravio al cabrón del barrio de Juan Domingo, escrito en lenguaje colloquial fuerte, se enfoca en el mundo del barriada en los alrededores del cañaveral y recrea la acción dentro de la clase más podres y oprimidas, los jíbaros peones. Este cuento es más el retrato de una sociedad rural, la del jíbaro subordinado al trabajo de la caña, su entorno y relaciones sociales donde convergen la pobreza, el jíbaro blanco y el negro compartiendo en una misma miseria. Es el puertorriqueño que vive en paupérrimas condiciones y donde se toma la ley en las manos como excusa de desagraviar a un muerto. Todo el poblado es complice de la muerte del que transgrede las reglas de la convivencia. El uso de elementos populares como el mito (los muertos vagan su espíritu pidiendo venganza) la superstición, el espiritista, el velorio y el machete le dan sabor local a la historia. Los personajes de esta historia no son instruídos, pertenecen a populacho de la ruralía, son machista y el trato a la mujer pone de manifiesto las bajas pasiones y el manejo de las mismas. En esta historia la mujer negra es una incitadora de pasiones, sexual e instintiva, reducida a un animal. El populacho es visto como una masa cafre, brutal que se rige bajo sus propias reglas en un mundo de supersticiones, pasiones, chisme, descontrol. En este cuento se apela más al confrontamiento del lector ante esta realidad sin el autor asumir un papel moral en el mismo como sí lo hace Laguerre en su novella.

II.
Los elementos principales de la relación que surge a raíz de la Guerra Hispanoamericana entre Estados Unidos y Puerto Rico, al pasar ser colonia Norteamericana de manos de España como botín de Guerra y donde los puertorriqueños no toman una acción directa para decidir. Las diferencias culturales crean una ruptura en la ya está establecida una cultura puertorriqueña: tanto política, cultural y socialmente. La que ejerce el dominio impone el aprendizaje de su lengua sin mucho éxito porque en un principio, pero poco a poco y a través del control comercial el puertorriqueño va asimilando los modelos de vida norteamericana: ocurre una transculturación en la nación está allegada debilitando su estabilidad cultural. El consumismo es un reflejo de estas tendencias pero a la misma vez el puertorriqueño mantiene unas costumbres e idiosincracia afincada a la cultura propia, en sus gustos han hecho variantes y aunque asimila fragmentos de la otra cultura no queda absorbida como sí ocurrió con los taínos eso se convierte a su vez en una forma de resistir la agresiva expansion de la otra cultura. Como una paradoja culturalmente el puertorriqueño, sigue fortaleciéndola e enriqueciéndola y es su modo de defenderse ante la impotencia de no poder hacer un cambio viable y justo.

La ruptura de un sistema económico que liquida otro rural. para dar espacio a las grandes corporaciones de monocultivos con nuevos métodos de producción masiva que elimina la necesidad de esos trabajadores, propulsan la desintegración y la desubicación de los que componen el sistema anterior a su llegada, llevándose la peor parte los más dependientes: ocurre un cambio de una economía basada en la agricultura sin la debida transición hacia una industrialización de la azúcar, el café, el tabaco que traen grandes pérdidas y la miseria, males sociales, endeudamiento y la movilización de la población rural a las zonas urbanas sin la debida preparación para enfrentar otro sistema de vida con las consecuencias nefasta acarrea: surgen nuevos males sociales que degradan al individuo. Ellos trae un efecto de dominó en la economía, el empobrecimiento del jornalero que se ve empujado a salir de las hacienda en busca de mejor su situación que le permita vivir y que resulta en una transculturación social desastrosa. Se pierden los valores el individuo generalmente se degrada bajo un yugo de sufrimiento y deshumanización, se vuelve una sociedad enferma.
El uso de términos en inglés dentro del lenguaje, el acceder a un sistema de consumo con gustos distintos, el cambio en los hábitos y necesidades de la población que no está lista para asimilarlos, junto con ese cambio de necesidades viene el endeudamiento y la creación de una economía falsa que trastoca los valores, la familia, la religión, el lenguaje, las costumbres. El discurso plantea la definición que el puertorriqueño debe tomar ante una situación que no se le dió participación y que trae la desintegración social del país para después lidiar con una sociedad enferma. Si no se soluciona un método de administración se cae en un círculo vicioso donde no hay salida digna.

III.La forma que Padró trata a la mujer en su relato El antifaz. Hay una crítica al mujer de clase media alta como un ser hueco y banal. La mujer es vista como un objeto de belleza o fealdad y es a partir del elemento físico que su destino la marca en un contexto social y su valor. Es este cuento Carlota es una mujer rica pero fea sin embargo no se siente derrotada y mantiene fe que habrá algún “miope” que logre apreciarla como mujer. Cuando el autor dice “ Las mujeres (siempre le deberemos a las mujeres la lucidez de los grandes espectáculos o de los grandes escándalos) ponían el matiz contagioso de las puerilidad.” es una acotación de burla irónica, sorna y crítica. El mensaje implícito es que no se conoce del toda a una mujer porque siempre lleva una máscara al marido confesar a su mujer Cándida que esa noche él se enamoró del disfraz juega con ese doble sentido de que la mujer nunca se muestra realmente cómo es y vive de apariencias falsas.

IV. Si se piensa en los rasgos de estas narraciones de la tradición Romántica y Realista-naturalista podemos mencionar:
•Las descripciones en detalladas de las costumbres, la ambientación, (Real)
•Los males sociales como una enfermedad que enferma al hombre y al entorno (Naturalismo)
•Los vicios, la descomposición social, la familia (Naturalismo)
•Lenguaje coloquial en los diálogos (Realista – naturalismo)
•Tema del alcolismo, la miseria, el adulterio (Naturalismo)
•Las actitudes de chismes, odios, bajas pasiones en los personajes ((Naturalismo)
•El sentido patriótico (Romanticismo)
•El acercamiento a la verosimilitud (Realismo)
•La temática del chisme (Realismo)
•la tradiciones culturales (Romanticismo - realismo)
• Examinar y reflexionar sobre el mundo que le rodea (Realismo)
•Temas netamente americananos (Realismo)
•Las grandes luchas por la libertad, la igualdad (Romanticismo
•Exaltación de los sentidos al contacto con la naturaleza (Romanticismo)

V.Algunos parentescos de estas narraciones con la muestra modernistas son:
•Prosa de gran riqueza descriptiva en la belleza del paisaje
•La importancia que se le da a la razón, al razonamiento científico sobre lo empírico
•La sensibilidad de hombre ante la grandeza de la naturaleza
•La aceptación admiración de las corrientes e inmigrantes franceses y la docilidad con que converge con la cultua puertorriqueña
•Cuando describe a la mujer como la diosa pagana
•El exotismo de la sensualidad de la mujer negra el Emilio S. Belaval
• La apropiación de palabras extranjeras, tanto del inglés como del francés

Rita Llanes